29/07/2019 admin 0Comment

¿Qué hay mejor que un buen chapuzón en una refrescante piscina de agua cristalina? 

Podríamos decir que en las fechas en las que estamos, pocas cosas superan a ese chapuzón. Los usuarios de las piscinas no suelen conocer el tratamiento y mantenimiento necesario para conseguir que el agua alcance las adecuadas condiciones sanitarias necesarias para el baño, es por ello que os explicamos uno de los factores más influyentes al respecto: el Ácido Isocianúrico. 

El ácido hipocloroso (cloro) es el desinfectante más común utilizado en las piscinas, debido a su gran eficacia como bactericida y a su ajustado coste. Como todo, tiene algunos inconvenientes, como es, en el caso de las piscinas al aire libre, el que el cloro tiende a descomponerse por los rayos ultravioletas del sol y perdiendo su efectividad como desinfectante. Esto obliga a una continua adición del mismo, con el fin de mantener los niveles de desinfección adecuados. Se calcula que el agua de la piscina expuesta al sol pierde aproximadamente el 35% de cloro por hora. 

¿Cómo conseguir un cloro estable? 

El ácido isocianúrico es un aditivo químico que se incorpora para estabilizar el ácido hipocloroso en el agua. De este modo, se consigue reducir el consumo de desinfectante y un efecto más duradero del mismo.  

En busca del equilibrio entre cloro y ácido isocianúrico  

La relación entre el cloro y el ácido isocianúrico debe mantenerse un equilibrio correcto, puesto que, a diferencia del cloro, el ácido isocianúrico no se degrada con el sol, sino que va acumulándose en el agua y por tanto sus niveles aumentan con el tiempo. 

El Real Decreto 742/2013, relativo a los criterios técnico-sanitarios de las piscinas mayoría de las reglamentaciones autonómicas sobre piscinas, establece con nivel mázimo permitido la cantidad de 75 ppm de ácido isocianúrico. Esto es debido a que, si los niveles de esta sustancia son demasiado elevados, se bloquea la efectividad del cloro libre y disminuye o se retarda el poder de desinfección del cloro. Cuando el ácido isocianúrico se mezcla con el agua de la piscina, la mayor parte del cloro se queda ligado a él. En estas condiciones de equilibrio químico, un elevado porcentaje (> 95%) de cloro libre está enlazado e inactivo y no tiene capacidad desinfectante, tan solo es una reserva con potencial de desinfección.   

¿Qué pasa con un exceso de ácido isocianúrico? 

El principal problema que aparece cuando hay exceso de ácido isocianúrico es que el pH del agua disminuye e impide que el agente desinfectante cloro desarrolle su acción bactericida, además de ser nocivo para la salud. 

¿Cómo eliminarlo? 

La única manera de disminuir los valores de ácido isocianúrico es renovar el agua de la piscina y estudiar la posibilidad de instalar otro método de desinfección, en el que se sustituyan los derivados de ácido tricloroisocianúrico por cloro inorgánico, bromo (muy utilizado en piscinas cubiertas) u oxígeno activo. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *